Publicado el 11 abril, 2012 por Carlos Dominguez


Casey Stoner dominó la carrera de Losail de forma implacable. La lideró durante dieciocho vueltas y llegó a disponer de 2,1 segundos de ventaja sobre sus perseguidores: Lorenzo y Pedrosa. Fue el único piloto en pista capaz de rodar por debajo de 1’56. Lo hizo durante seis vueltas consecutivas, adquirió sólida ventaja y abrió vía libre hacia su primera victoria del año. Típica carrera del más puro estilo Stoner. Pero su brazo dijo basta y menguaron las fuerzas. Sus tiempos por vuelta crecieron, la ventaja a disminuyó. Lorenzo y Pedrosa le dieron alcance, le adelantaron y relegaron al tercer lugar. La euforia española se disparó, creció como un soufflé, las exaltaciones patrióticas de los “chicos” de Tele5 enmascararon la realidad de la situación. Ciertamente, Lorenzo ganó la carrera a todo mérito, aunque en realidad la perdió Stoner. Aquejado de síndrome compartimental, Casey sufrió calambres y se quedó sin fuerzas en el brazo derecho (gas y freno): “Apenas podía coger el manillar ni dar gas en la recta” reveló en el “corralito” de los laureados. No fue ninguna excusa para justificar la derrota de una carrera que tenía sobradamente ganada, simplemente la verdad. La patología del antebrazo le atenaza desde hace tiempo aunque, aparentemente, no quiere hacerse operar. Teme los quirófanos y los cirujanos… mientras el cuerpo aguante, debe pensar.


Pero el cuerpo ya le ha dado el primer aviso serio. Le ha quitado una victoria y restado nueve puntos de una tacada. Su mal no se cura con pastillitas ni masajes, requiere cirugía y con el calendario que se avecina (nueve GGPP en tres meses) no está en situación de esperar a tomar decisiones de última instancia so pena de perderse alguna carrera. Lo prudente y previsor sería someterse de inmediato a la intervención y aprovechar las dos semanas de intermedio hasta Jerez. De no hacerlo así, pone en riesgo la renovación del título que defiende. Muy probablemente, en ocasión no lejana, se le reproducirán los efectos del síndrome compartimental y pondrá en riesgo otra victoria, además de un buen puñado de puntos. Los aspirantes, Jorge y Dani, no desaprovecharán la ocasión para engrosar su casillero personal. Saben -lo comprobaron en Qatar- que Casey sigue siendo inalcanzable. En la noche del desierto les dijo adiós, como le es habitual. Todos los indicios apuntan a que será muy difícil apearle de su insolente superioridad. Solo su brazo y aversión quirúrgica pueden aliarse con las aspiraciones españolas al trono. Stoner demostró en Losail que es difícil ganarle un G.P incluso cuando manifiesta insatisfacción con el funcionamiento de la moto. La RC213V acusa chattering y deficiencias dinámicas en frenada. Dani lo corrobora. Pero el auténtico enemigo de Casey es su brazo diestro, allá él si no le pone remedio.


A otro tipo de enemigo se enfrenta Valentino Rossi. La Desmosedici GP12 está acelerando el ocaso de Il Dottore con mucha más pena que gloria. Vale reconoce que no es capaz de conducir esa moto con confianza. “La esperanza la perdí en 2011” reconoció en público, “necesito una moto que me permita pilotar mejor”, apostilló. Nadie encuentra el remedio. La situación en el Team Ducati es tensa, el ambiente se enrarece, el futuro se oscurece, el sueño italiano se desvanece… tardarán mucho en volver a cantar el Fratelli d’Italia a pie de podio ¿Crónica de una muerte –deportiva- anunciada?


En el reverso de la moneda está el brillante Marc Márquez plenamente recuperado de su lesión ocular. Poco importa no haber hecho pretemporada, su eficaz rendimiento y aguerrida combatividad permanecen incólumes. Son su ADN. Iannone y Luthi lo saben mejor que nadie, lo vivieron en sus propias carnes. Y por más rabietas que haga el suizo arremetiendo a puñetazos en la vuelta de honor, sabe que la maniobra de Marc en su gallardo adelantamiento hacia el triunfo fue limpia y legal. Ganó la carrera en un alarde de pilotaje, valentía, estrategia e inteligencia. Resolvió el triunfo en la misma línea de meta, pero antes había cocinado astutamente el adelantamiento con una magistral última curva trazada a mayor velocidad que el italiano ¡Casta de campeón! También Maverick Viñales, nuestro espadachín en Moto3, exhibió ralea y autoridad para frenar al debutante Romano Fenati. Colegial italiano, discreto y tímido en el paddock, descarado y respondón en la pista como lo fue hace un año Mack en Le Mans. Savia nueva para el Mundial, la clase reina necesita de ellos. El futuro está al doblar la esquina…