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  1. #11
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    Bravo, excelente!!

    clap clap clap a falta de monito aplaudiendo

  2. #12
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    que buena onda!!!!
    pero ya me quede picado!!!
    para cuando el resto????
    gracias por compartirlo!!!
    Daniel
    Kawasaki EX250 07.
    hyousun GTR 650 09

  3. #13
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    gracias por la historia, esta bien buena

  4. #14
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    Muy buena historia,gracias por compartirla con la banda

  5. #15
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    Don Emilio y Orlando hicieron a un lado la lona que cubría la pequeña motoneta, que parecía empequeñerse a un lado de la gran humanidad de don Emilio. A decir verdad, era la primera vez que don Emilio veía con detenimiento de conciencia los detalles, los acabados, la sencilla ingeniería del sensacional scooter, que aunque sucio y olvidado, marcaba un impecable record de cero kilómetros recorridos en su odómetro.

    Doña Elvira llegó a los pocos minutos y observó desde el ventanal la escena, extrañada, intrigada, atenta. Ambos Hombres discutían amenamente como dos niños discutirían sobre personajes de caricatura, compartiendo opiniones, como expertos, de su conocimiento sobre el tema. Y no podría ser más adecuado, ambos hombres con el antecedente de haber tenido una motocicleta “de las de antes”, evolucionando con la época.

    La mañana siguiente todos dormían aún, un domingo singular, una mañana fresca en el patio de don Emilio, quien muy temprano abrió un espacio en el que por años fue el recinto de su apreciadísima Islo. Arrimó un banquito, barrió, trapeó, acomodó como un cirujano profesional algo de herramienta a un lado y fue por su motoneta. Pasó toda la mañana leyendo el manual, limpiando meticulosamente las piezas, predominantemente de plástico, del exterior de la motoneta, ajustó tuercas, revisó niveles y encendió su pequeña compresora para calibrar la presión de las llantas. Más tarde trajo a su viejo mecánico, quien validó los niveles de aceite y cambió la batería. Todo estaba listo, don Emilio, se montó en ella y la encendió…

    Un bello ronroneo compacto y silencioso rompió el silencio en el garaje, luces, direccionales, frenos, acelerador, todo lo probó don Emilio. Orlando Llegó a los pocos Minutos, para acompañar en una especie de rodada de capacitación, al veterano de las calles que se reincorporaba a las andadas. Don Emilio debió lidiar con una lucha interna, su orgullo de operador de una maquinaria complicada, y aceptar las inevitables ventajas de la practicidad de su motoneta, encendido al tocar un botón, avance automático, el radio de giro, le costaba trabajo aceptarlo, poco a poco se iba encariñando con el regalo. Dieron algunas vueltas a la manzana, don Emilio se aclimató de inmediato, se dirigieron después a cargar combustible, era extraño sólo tener que cargar combustible sin preocuparse por proporciones, aditivos, mezclas, o cálculos para adivinar niveles, el panel de la pequeña ánima sobre ruedas lo decía todo, y además, por poco dinero. Después continuaron con la ruta habitual de Orlando, que llegaba hasta las calles del primer cuadro de la ciudad. Esa misma tarde, después de un par de horas, regresaron Orlando y don Emilio a casa, ya la esperaba su esposa, doña Elvira, con una sonrisa tierna, feliz, de ver nuevamente a su marido haciendo lo que más le gustaba hacer.

    Don Emilio hace una pausa mientras termina la historia, para dar unos tragos a su tarro, allí, sentado en su vieja mecedora metálica, con su pantalón estilo dickies color beige, una camiseta inmaculadamente blanca, y un par de tirantes azul marino, su figura forma parte del gran legado que formó su abuelo y su padre, legado que queda en la memoria de muchos hombres como él, en quienes es imposible pasar por alto la inevitable evidencia del cambio de los tiempos, del cómo su accidente, marca también el inicio del final de una era, de tiempos cuando el mensajero motorizado era icónico en nuestras calles, carteros, cobradores, o empleados privados que celosos de su deber, se convertían en pieza clave de las oficinas de antes, previo al e-mail, previo al celular y a la mensajería sistematizada de hoy, con operadores frívolos que llegan y se van, que dejan bajo la puerta un sobre, un aviso, un arte que se fue perdiendo con la llegada de la tecnología. Hoy, en cambio, tenemos repartidores de comida rápida, circulando como rayos a centímetros de nuestros vehículos en los semáforos en rojo, apresurados, contra el reloj, en máquinas mucho más eficientes y prácticas, dejándonos la tarea de conformarnos, con recordar, lo que algunos vivimos de niños, sentados en el portal de casa una mañana, ver llegar ese armatoste con alforjas, papeles, amarres, en su escandaloso y humeante andar, que nos recuerda cuando a las 12.30 del día mamá ya preparaba la mesa, con aromas caseros, recibiendo al motociclista con algún sobre, o papel, o documento para irse y perderse entre las calles.

    Don Emilio se emociona, desea vivir de nuevo todas esas experiencias y se conforma con contármelas, me pide anonimato, pero me pide transmitir el mensaje, todos somos bikers, sin distinción de cilindrada, e insiste, no rueden con emociones de enojo, mejor cuenten 10 minutos, o pidan que los lleven, y usen siempre, siempre, siempre, su casco.

    Gracias.

  6. #16
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    mayo-2015
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    Predeterminado

    Don Emilio y Orlando hicieron a un lado la lona que cubría la pequeña motoneta, que parecía empequeñerse a un lado de la gran humanidad de don Emilio. A decir verdad, era la primera vez que don Emilio veía con detenimiento de conciencia los detalles, los acabados, la sencilla ingeniería del sensacional scooter, que aunque sucio y olvidado, marcaba un impecable record de cero kilómetros recorridos en su odómetro.

    Doña Elvira llegó a los pocos minutos y observó desde el ventanal la escena, extrañada, intrigada, atenta. Ambos Hombres discutían amenamente como dos niños discutirían sobre personajes de caricatura, compartiendo opiniones, como expertos, de su conocimiento sobre el tema. Y no podría ser más adecuado, ambos hombres con el antecedente de haber tenido una motocicleta “de las de antes”, evolucionando con la época.

    La mañana siguiente todos dormían aún, un domingo singular, una mañana fresca en el patio de don Emilio, quien muy temprano abrió un espacio en el que por años fue el recinto de su apreciadísima Islo. Arrimó un banquito, barrió, trapeó, acomodó como un cirujano profesional algo de herramienta a un lado y fue por su motoneta. Pasó toda la mañana leyendo el manual, limpiando meticulosamente las piezas, predominantemente de plástico, del exterior de la motoneta, ajustó tuercas, revisó niveles y encendió su pequeña compresora para calibrar la presión de las llantas. Más tarde trajo a su viejo mecánico, quien validó los niveles de aceite y cambió la batería. Todo estaba listo, don Emilio, se montó en ella y la encendió…

    Un bello ronroneo compacto y silencioso rompió el silencio en el garaje, luces, direccionales, frenos, acelerador, todo lo probó don Emilio. Orlando Llegó a los pocos Minutos, para acompañar en una especie de rodada de capacitación, al veterano de las calles que se reincorporaba a las andadas. Don Emilio debió lidiar con una lucha interna, su orgullo de operador de una maquinaria complicada, y aceptar las inevitables ventajas de la practicidad de su motoneta, encendido al tocar un botón, avance automático, el radio de giro, le costaba trabajo aceptarlo, poco a poco se iba encariñando con el regalo. Dieron algunas vueltas a la manzana, don Emilio se aclimató de inmediato, se dirigieron después a cargar combustible, era extraño sólo tener que cargar combustible sin preocuparse por proporciones, aditivos, mezclas, o cálculos para adivinar niveles, el panel de la pequeña ánima sobre ruedas lo decía todo, y además, por poco dinero. Después continuaron con la ruta habitual de Orlando, que llegaba hasta las calles del primer cuadro de la ciudad. Esa misma tarde, después de un par de horas, regresaron Orlando y don Emilio a casa, ya la esperaba su esposa, doña Elvira, con una sonrisa tierna, feliz, de ver nuevamente a su marido haciendo lo que más le gustaba hacer.

    Don Emilio hace una pausa mientras termina la historia, para dar unos tragos a su tarro, allí, sentado en su vieja mecedora metálica, con su pantalón estilo dickies color beige, una camiseta inmaculadamente blanca, y un par de tirantes azul marino, su figura forma parte del gran legado que formó su abuelo y su padre, legado que queda en la memoria de muchos hombres como él, en quienes es imposible pasar por alto la inevitable evidencia del cambio de los tiempos, del cómo su accidente, marca también el inicio del final de una era, de tiempos cuando el mensajero motorizado era icónico en nuestras calles, carteros, cobradores, o empleados privados que celosos de su deber, se convertían en pieza clave de las oficinas de antes, previo al e-mail, previo al celular y a la mensajería sistematizada de hoy, con operadores frívolos que llegan y se van, que dejan bajo la puerta un sobre, un aviso, un arte que se fue perdiendo con la llegada de la tecnología. Hoy, en cambio, tenemos repartidores de comida rápida, circulando como rayos a centímetros de nuestros vehículos en los semáforos en rojo, apresurados, contra el reloj, en máquinas mucho más eficientes y prácticas, dejándonos la tarea de conformarnos, con recordar, lo que algunos vivimos de niños, sentados en el portal de casa una mañana, ver llegar ese armatoste con alforjas, papeles, amarres, en su escandaloso y humeante andar, que nos recuerda cuando a las 12.30 del día mamá ya preparaba la mesa, con aromas caseros, recibiendo al motociclista con algún sobre, o papel, o documento para irse y perderse entre las calles.

    Don Emilio se emociona, desea vivir de nuevo todas esas experiencias y se conforma con contármelas, me pide anonimato, pero me pide transmitir el mensaje, todos somos bikers, sin distinción de cilindrada, e insiste, no rueden con emociones de enojo, mejor cuenten 10 minutos, o pidan que los lleven, y usen siempre, siempre, siempre, su casco.

    Gracias.

  7. #17
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    Predeterminado

    de nueva cuenta gracias por compartirlo,espero y puedas comapartir mas de estas cronicas sobre ruedas!
    saludos
    Daniel
    Kawasaki EX250 07.
    hyousun GTR 650 09

  8. #18
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    Predeterminado

    excelente felicidades por la historia...

  9. #19
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    Predeterminado

    Excelente y emotiva historia!
    Gracias por compartir

  10. #20
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    Predeterminado

    y que???
    ya no hay mas???
    Daniel
    Kawasaki EX250 07.
    hyousun GTR 650 09

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